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Luis de Santiago Buey

Occupation
Interests
Valoro la amistad por encima de todo. Y cuando digo la amistad, me refiero a la gente que está cuando necesitas a alguien. La gente que se preocupa por tí. La gente que te quiere a pesar de que te conoce demasiado bien. "Por los amigos ausentes,
los amores perdidos,
los viejos dioses,
y la estación de nieblas,
y que todos y cada uno de nosotros
demos al diablo su merecido"
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April 15

Equilibrio

Uno de mis libros favoritos tiene un pasaje que dice así:

Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de una montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.

Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que le atendiera.

El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.

Pero quiero pedirte un favor - añadió el sabio entregándole una cucharilla de té en la que dejó caer dos gotas de aceite – Mientras camines lleva esta cucharilla y cuida de que el aceite no se derrame.

El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.

¿Qué tal? – preguntó el sabio – ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.

Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo – dijo el Sabio – No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrededor la delicadeza de las flores el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.

¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? – preguntó el Sabio.

El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que las había derramado.

Pues éste es el único consejo que puedo darte – le dijo el más Sabio de los Sabios – El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara

De alguna forma me da la impresión de que en ocasiones vamos por la vida demasiado preocupados por las dos gotas de aceite. Ante ciertas situaciones, no reaccionamos. O nos negamos a actuar. O a actuar de cierto modo… Pudiera ser por miedo a que las cosas no fueran bien.

Sin embargo, si así fuera, también nos estaríamos negando la posibilidad de la felicidad. Por miedo al dolor. ¿No es absurdo?

En cierta ocasión, hace un tiempo, le conté a uno de mis mejores amigos de una chica que me gustaba mucho. Y estaba bastante indeciso e inseguro. Y me dio uno de los mejores consejos que haya recibido en mi vida: Aprende a no esperar nada, y a disfrutar de los momentos buenos.

En definitiva en eso consiste. Vive la vida. Disfruta de las cosas buenas. No te preocupes por las malas. No porque no existan. Que existen, y muchas. Sino porque preocuparse por ellas no te conduce a evitarlas por un lado. Y porque estar demasiado atento a las dos gotas de aceite impide disfrutar de la vida.

Supongo que es un delicado equilibrio

March 05

Cerveza sin alcohol, Inteligencia militar y Arte moderno

La wikipedia, en su artículo acerca del oxímoron, dice:

En retórica, el oxímoron (del griego ὀξύμωρον, oxymoron), dentro de las figuras literarias, es una de las figuras lógicas. Se la conoce también con la expresión latina contradictio in terminis.

Consiste en armonizar dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercer concepto. Dado que el sentido literal de un oxímoron es absurdo (por ejemplo, «un instante eterno»), se fuerza al lector a buscar un sentido metafórico (en este caso: un instante que, por la intensidad de lo vivido durante el mismo, hace perder el sentido del tiempo).

¿Y a qué viene esto? Hace relativamente poco estuve en la fundación La Caixa, donde tuve la oportunidad de ver la colección “Zonas de Riesgo”. ¿Y qué puedo decir al respecto? Esto requiere una pequeña disgresión.

Hubo una época en la cual pensaba que si no era pintura figurativa no era arte. Pensaba que era un timo. Una forma de reirse del espectador. Vale, era joven y conocía la respuesta a la pregunta del significado de la vida, el universo y todo lo demás: 42 (ver la guía del autoestopista galáctico).

Luego, con el tiempo, entendí que había gente cuya obra aunque no siempre era comprensible para mí, sí que era algo digna y tenía sentido. Y que en vez de perseguirse la belleza en general, se perseguían otros objetivos como el equilibrio, la armonía, la estridencia, en muchas ocasiones se buscaba provocar una reacción en el público. Hasta el desagrado. Y le empecé a tener un poco de respeto.

Desde entonces hasta ahora, he visto un poco de todo, en ocasiones he visto cosas que me han gustado, en otras he visto cosas que me han parecido interesantes, y en otras he visto cosas que me parecieron absurdas. Mayormente en el Reina Sofía.

Y llevaba bastante tiempo sin ver una exposición de este tipo, con lo que me pregunté si habría cambiado mi criterio.

Y vi cosas como esta:

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ-DÍEZ (Venezuela, 1964)
La Hermandad, 1994
Videoinstalación: monopatines de piel de cerdo, 3 mesas de madera, barras de aluminio, 3 monitores y 3 vídeos, imagen en color, sonido, 60 min

Unos monopatines realizados con piel de cerdo frita aparecen colgados de una barra de aluminio junto a tres mesas sobre las que se encuentran otros monopatines y tres monitores de vídeo que muestran tres estadios de la vida del monopatín en las calles de Caracas. Como explica el artista, las tres visiones pueden ser interpretadas como el nacimiento, la vida y la muerte. El conjunto evoca imágenes de la vida urbana, junto con la sensación de degradación del cuerpo que transmiten los monopatines, sugiriendo múltiples significados sobre las contradicciones y las ansiedades que provoca la vida contemporánea.

Interpretadas como el nacimiento, la vida y la muerte… Sensación de degradación del cuerpo… Ansiedades que provoca la vida contemporánea… ¿Este tío se ha creído que somos subnormales? Unos monopatines de piel de cerdo frito siendo mordidos por unos perros. Un timo, esa es la sensación que me queda.

Conclusiones:

La próxima vez que se me pase por la cabeza acudir a una exposición de arte moderno, me dedicaré a hacer cosas más útiles con mi escaso tiempo. Como aprender esperanto, leerme las páginas amarillas o programarme un Sistema Operativo en Brainfuck. O mucho mejor que todas estas opciones, beber cerveza hasta que se me pasen las ganas.

¿Arte moderno? Andahombrenomejodas

February 12

Amigo mío

Uno de mis autores favoritos escribió en cierta ocasión un libro desgarrador, en el que hay un pasaje que me ha llamado la atención recientemente. Y dice:

Amigo mío... yo no soy lo que parezco. Mi aspecto exterior no es sino un traje que llevo puesto; un traje hecho cuidadosamente, que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi negligencia.

El "yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y allí permanecerá para siempre, inadvertido, inabordable.

No quisiera que creyeras en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, pues mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos, hechos sonido, y mis hechos son tus propias esperanzas en acción. Cuando dices: "El viento sopla hacia el oriente", digo: "Sí, siempre sopla hacia el oriente"; pues no quiero que sepas entonces que mi mente no mora en el viento, sino en el mar. No puedes comprender mis navegantes pensamientos, ni me interesa que los comprendas. Prefiero estar a solas en el mar.

Cuando es de día para tí, amigo mío, es de noche para mí; sin embargo, todavía entonces hablo de la luz del día que danza en las montañas, y de la sombra purpúrea que se abre paso por el valle; pues no puedes oír las canciones de mi oscuridad, ni puedes ver mis alas que se agitan contra las estrellas, y no me interesa que oigas ni que veas lo que pasa en mí; prefiero estar a solas con la noche.

Cuando tú subes a tu Cielo yo desciendo a mi infierno. Y aún entonces me llamas a través del golfo infranqueable que nos separa: " ¡Compañero! ¡Camarada!" Y te contesto: " ¡Compañero! ¡Camarada!, porque no quiero que veas mi Infierno. Las llamas te cegarían, y el humo te ahogaría. Y me gusta mi Infierno; lo amo al grado de no dejar que lo visites. Prefiero estar solo en mi Infierno.

Tu amas la Verdad, la Belleza y lo Justo, y yo, por complacerte, digo que está bien, y simulo amar estas cosas. Pero en el fondo de mi corazón me río de tu amor por estas entidades. Sin embargo, no te dejo ver mi risa: prefiero reír a solas.

Amigo mío, eres bueno, discreto y sensato; es más: eres perfecto. Y yo, a mi vez, hablo contigo con sensatez y discreción, pero... estoy loco. Sólo que enmascaro mi locura. Prefiero estar loco, a solas. Amigo mío, tú no eres mi amigo. Pero, ¿cómo hacer que lo comprendas? Mi senda no es tu senda y, sin embargo, caminamos juntos, tomados de la mano.

¿Qué os sugiere este texto?

February 07

Soledad

Vivo en Madrid. Esto significa que hay mucha gente. Pero mucha.

¿Alguna vez os habéis preguntado con cuánta gente os cruzáis en un día normal?

Según salgo de casa e intento entrar en el bus, habrá del orden de 50 personas. En un vagón de metro caben unas 200 personas (aunque a veces parece que hay muchas más). Y hago 2 trasbordos, luego supongo que me cruzo con unas 600 personas. Otro bus (otras 50 personas). Llego al trabajo. En mi caso, unas 14 personas entre las dos oficinas. Vuelta a casa. Otras 700 personas. LLamo a un amigo y quedamos para tomar unas cañas. Un bus más tarde (50), llego a los bares de detras del Carrefour de Aluche (por poner un ejemplo. También podría ser por la Latina). Dependiendo de la capacidad del sitio y del tiempo que me tire por allí (menos de dos horas no suele ser), pues pueden pasar entre 30 y 100 personas. Otro bus para volver a casa (50) y ha pasado el día.

He echado cifras a ojímetro. Y en algunos casos probablemente estén hinchadas. Pero según estos cálculos (malos, lo reconozco), me he cruzado con unas 1500 personas. Son unas cuantas personas, cada una de ellas con su vida individual, con sus preocupaciones, sus ilusiones…

Y si es así, ¿por qué me siento tan solo?. Lo cierto es que no nos acercamos a otra gente. Ni dejamos que se acerquen. Mantenemos una aséptica distancia de seguridad en la que nos sentimos a salvo de los demás. No les conocemos ni les queremos conocer, ¿verdad?

¿Te has parado a pensar en cuánta gente hay en el mundo a la que permites que llegue a tí? Emocionalmente hablando. ¿Cuánta gente te ha visto llorar? ¿Cuánta sabe de tus problemas? ¿Hay mucha gente que sabe a qué eres vulnerable? ¿Hay alguien siquiera con quien no tengas que aparentar ser otra persona y puedas ser tu mismo?

A veces pienso que en un mundo más cuerdo la gente sería más cercana. Y no tendría por qué tener reparos en romper a llorar o a reir por la calle, o abrazar a alguien con quien me cruzo.

Y sí, es extraño que escriba esto precisamente yo. Pero es que hasta yo tengo necesidad de contacto.

January 30

¿Por qué mantengo este blog?

Un poco al hilo del último post escrito, he reflexionado un poco acerca del por qué mantengo este blog. Cuáles son mis motivaciones para escribir aquí algo.

Empecé a escribir aquí en noviembre del 2006. Hace algo más de dos años. Acababa de cambiar de trabajo. Este ha sido un cambio bastante profundo y a muchos niveles en mi vida. Y sobre todo por aquellos entoces estaba eufórico. Y tenía que darle salida a toda esa energía y felicidad.

Y he escrito sobre temas de lo más variopinto. Motivos de alegría: El circo del Sol, mi casa, World of Warcraft, un amigo que entra en mi empresa. Motivos de reflexión: Reflexión de año y propósito de año nuevo, el consumismo, las cadenas de correos, y los reenvíos masivos, el efecto messenger.

Apenas 11 posts después, el 5 de junio de 2007 llego a una época de sequía. Una sequía que no se interrumpe hasta el 10 de octubre del 2008. Vuelvo a encontrar inspiración, y escribo alguno de los posts que más me han gustado. Fundamentalmente reflexiones sobre algunos temas que tocan más tangencialmente o más directamente mi vida.

Si lo miramos de forma objetiva, ninguno de los posts que he escrito es algo trascendente. Mil personas han contado lo mismo que yo, y mil lo contarán después. Mi punto de vista no añade nada nuevo. Y sin embargo, a pesar de todo, escribo. Porque soy yo quien lo está viviendo. Al margen de la gente que lo haya vivido antes. O que lo vayan a vivir después.

Y una vez más, el 8 de diciembre del 2008, 9 posts después, me vuelvo a quedar seco.

¿Y cuál era la motivación para escribir?

¿Para contar algo a alguien? ¿A mis amigos? En realidad, la mayoría de mis amigos, al menos hasta recientemente no han entrado en internet. ¿Al mundo en general? Creo que soy un poco más tímido y menos exhibicionista que todo eso.

Pienso que escribo para ayudarme a pensar y a reflexionar. Es cuando me siento delante del ordenador y me pongo a escribir cuando las ideas toman forma. Escribo y reescribo y me voy dando cuenta de lo que realmente quería decir.

Siendo esto cierto, si todo el motivo para escribir es para ayudarme a reflexionar, para eso valdría perfectamente un diario en papel, o un blog privado. Hay bastante gente que lo hace. Supongo que también puede ser en parte una terapia para intentar vencer mi timidez. Abrirme al mundo.

Pero sospecho que lo que realmente me ha impulsado a escribir ha sido esa energía de la que hablaba al principio. Ilusión que pones en diversas cosas y que hacen de catalizador. Te impulsa en tu vida, ayuda a acometer proyectos.

Y este fin de año ha sido una época un poco convulsa. Lo cierto es que desde entonces mi ánimo va y viene. Y aunque de vez en cuando me entran ganas de escribir y comienzo un post, me asalta la duda. Y pienso: ¿Para qué?

Tengo que reencontrarme a mí mismo. Se que lo superaré.

 
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